RELATO GAY: Lo que sucedió dentro del Servicio Militar

Lo que voy a contar sucedió cuando estaba haciendo el servicio militar. Ya eran los últimos meses, éramos pocos los que aún quedábamos, y aquella noche solo estábamos en la barraca Martín y yo. El resto de nuestros camaradas, o bien estaban de guardia, o bien habían salido de franco. Unos días antes yo había ingresado una botella de whisky oculta entre mis ropas, para alguna noche en que debiera quedarme. Como esa noche.

Conseguimos hielo en la cantina, con la excusa de un golpe que mi compañero fingió en su pierna y nos encerramos en el depósito de ropa a conversar mientras bebíamos y escuchábamos algo de música. En el año transcurrido desde nuestra incorporación, yo había apreciado en silencio el físico de Martín. Si bien no era una persona corpulenta, sus músculos estaban muy desarrollados, como resultado de su trabajo en la finca de su familia. No era demasiado alto, carecía prácticamente de vello, tanto en su pecho como en sus piernas. Su piel era morena, su rostro, delgado y rudo, y su cabello, si bien estaba rapado al estilo militar, era de color castaño claro.

Mientras bebíamos, hablamos sobre la vida en el cuartel, recordamos el día en que hablamos por vez primera, mientras aguardábamos para recibir la ración de almuerzo, la dura instrucción, y el día en que ambos fuimos seleccionados para el destino interno dentro del depósito. Sin decirlo, yo pensaba también en aquella primera vez en que nos cruzamos en las duchas. Si bien el agua helada había provocado en su miembro un efecto devastador, al igual que en mí, se podía adivinar que en otras circunstancias, su pija debía ser más que interesante. Sus nalgas eran firmes y bien torneadas. Mientras transcurría el tiempo, nuestra charla fue virando hacia la cuestión sexual. Algo embriagado a esa altura, le conté en confidencia que mi relación con la chica con la que estaba saliendo estaba pasando por un impasse. Me sorprendió escucharlo decir que nunca había tenido una relación en serio con ninguna chica.

Vivía bastante lejos del pueblo y no salía demasiado. La conversación fue derivando hacia las experiencias sexuales que habíamos tenido, y grande fue mi sorpresa cuando me soltó que su primera experiencia había sido con un primo suyo, a los 13 años. Me relató cómo su primo, una noche, había buscado en su bragueta, había sacado su pija, y se la había chupado hasta casi hacerlo acabar. Como le había puesto boca abajo, lamido su culo, como le metió lentamente una pija enorme y lo había cogido hasta llenarle el culo de leche. Como, tras vaciarse dentro de él, lo invitó a hacerle lo mismo. Me contó que cuando acabó creyó que su corazón iba a reventar. Se tendió junto a su primo, y descubrió que su hermano mayor, miraba desde la puerta entreabierta. A cambio de su silencio su hermano lo hacía chuparle la pija casi a diario, y mantuvieron durante mucho tiempo una relación incestuosa de ida y vuelta, que se convirtió más de una vez en trío, al sumarse su primo, o algún amigo de su hermano.

Hizo un silencio al terminar su relato, como dándome paso para que yo le contara mi propia experiencia. Me serví más whisky, le agregué hielo, sorbí un trago, intentando disimular la tremenda excitación que me había causado su relato. Como yo prolongaba el inicio, me soltó: ¿Acaso te sorprendió lo que te conté? ¿Me vas a decir que jamás hiciste nada con otro chico? ¿Nunca te tocaste con algún amigo?. Incitado por sus preguntas, y algo relajado por el alcohol, me largué a contarle mis primeras experiencias, ocurridas entre los 11 y los 14 años, con varios amigos de mi barrio. Si bien yo intentaba ser bastante genérico en el relato, él me exigía cordialmente que le diera más detalles.

A medida que avanzaba en mi historia, percibía como bajo su slip, su miembro iba creciendo en tamaño. Estábamos sentados sobre unas mantas en el suelo, solo vestidos con nuestros calzoncillos, y ambos sudábamos a causa del whisky. Nuestros cuerpos estaban brillantes, sobre todo el suyo, y su erección creciente se hacía cada vez más notoria bajo su slip blanco con elástico negro. Por mi cabeza fueron desfilando imágenes que se fueron convirtiendo en relato. Le conté como espiaba a la novia de mi primo mientras se bañaba. Como los vi cogiendo una noche, como me calenté al ver a mi primo hundir su pija enorme en su novia, mientras ella jadeaba de goce. Finalmente comencé a contarle sobre un vecino con quien pasaba muchas horas en el verano en que cumplí mis 11 años. Mi amigo era dos años mayor que yo, y era bastante reservado. Era hermano de un compañero de colegio mío, y nos conocimos un día en que fui a estudiar a su casa. En pocos días éramos amigos, nos gustaban las mismas cosas, y comenzamos a pasar cada vez más tiempo juntos.

Una tarde fui a su casa, y me invitó a pasar. Me contó que su hermano y su madre acababan de salir para el médico y que recién volverían al anochecer. Eran poco más de las dos de la tarde, y hacía mucho calor. Me invitó a pasar al cuarto que compartía con su hermano y me convido con algo fresco, que fue a buscar a la cocina. Al entrar vi sobre su cama una revista porno. La tomé y comencé a hojearla. Entre mis piernas comencé a sentir una sensación totalmente nueva para mí. Regresó tan repentinamente que no me dio tiempo a devolver la revista a su sitio. Se sonrió al verme y me dijo: ¿está buena? Yo balbuceé que sí, avergonzado, y él me respondió: ¿querés llevarla para pajearte? Mi cara debió mostrar claramente la sorpresa y el aturdimiento de quien no tiene ni idea de lo que le están diciendo. Él se dio cuenta enseguida. Me dijo: No sabés lo que es hacerse la paja ¿no?

Yo asentí con mi cabeza. ¿Querés que te enseñe? Pero antes de que pudiera responder se sentó a mi lado, se bajó los pantalones y descubrió un miembro que comparado con el mío se veía monstruosamente grande y peludo. Yo ni siquiera tenía vello! Yo miraba petrificado como el comenzaba a mover su mano por su pija, rodeándola, deslizándose arriba y abajo mientras esa cosa seguía creciendo y su cabeza se ponía más y más roja. Bajo mis pantalones empecé a sentir como mi propia pija comenzaba a latir. ¡Dale, animita! me decía, pero yo estaba demasiado avergonzado siquiera, como para bajarme los pantalones, y dejar al descubierto mi pequeño miembro, que con seguridad le provocaría carcajadas solo de compararlo con el suyo.

Yo te voy a ayudar, me dijo y hundió su mano en mi pantalón en busca de mi pija. Me sorprendió cuando al sacarla a la vista dijo: no está nada mal! SE arrodilló delante de mí y con sus dos manos comenzó a pajearme. Yo estaba enloquecido viendo como recorría con sus manos todo mi miembro. Con una mano separó mis piernas, diciéndome que me relajara, y luego, sin dejar de masturbarme, comenzó a acariciar mis huevos. Jamás había sentido algo parecido, y el placer que sentía me hacía ignorar que sabía que lo que estábamos haciendo era considerado inmoral. Lo había oído muchas veces, pero jamás había sabido a que se referían cuando lo decían. Fue un pensamiento fugaz, que duró solo un instante y se interrumpió cuando vi que acercaba su boca a mi pija y comenzaba a chuparla.

Empecé a jadear cuando con su lengua recorría desde la cabeza de mi miembro hasta mi culo, se detenía en él, lo rodeaba con su lengua, y presionaba con ella abriéndose paso a mis entrañas. Se mojó un dedo con saliva y comenzó a pasarlo por mi culo, hundiéndolo muy lentamente, a medida que sentía que mi cuerpo se acostumbraba a su presencia y le flanqueaba el acceso. Me vacié en su boca, al mismo tiempo que el hundía la totalidad de su dedo mayor en mi culo. Ese primer orgasmo de mi vida jamás lo olvidaré. Fue algo sorpresivo, inédito para mí es inmensamente placentero.

Se puso de pie cuando sintió que me había vaciado por completo, y colocando su pija a la altura de mi rostro me dijo: ¿a ver si aprendiste? .En mi inocencia, me pareció totalmente lógico, y en realidad, viéndolo objetivamente lo era. Puse literalmente manos a la obra. Su pija se sentía suave en mis manos se deslizaba provocándome una sensación placentera, desinhibido de todo pudor, con la inocencia de mis once años, y la curiosidad de descubrir un universo totalmente nuevo. Cuando la llevé a mi boca la sentí amarga, pero con un sabor especial, eróticamente atractivo. Tal como lo había visto hacérmelo, recorrí con mi lengua toda su longitud. Deteniéndome para rodear su cabeza con mis labios, succionando lentamente y abriendo luego mi boca para recibirla por completo, hasta sentirla chocar contra el fondo de mi garganta.

Cuando acabó, sentí el sabor de su esperma y me pareció que sabía algo picante. Cuando se retiró, me dijo: Otro día te voy a enseñar a coger. Yo estaba extasiado pero algo más frío podía percibir que habíamos hecho algo incorrecto. Dudaba si decir algo, cuando él me dijo: Esto que hicimos queda entre vos y yo. Nadie debe saberlo. Sentí alivio al oírle decir eso. Apenas habían pasado algo más de cuarenta minutos desde mi arribo.

Mientras tomábamos algo fresco, sacó de detrás de unas ropas una pila de revistas. Eran 7 u 8. En algunas se veían mujeres desnudas, en otras parejas en posiciones que me parecían imposibles de lograr, y en dos de ellas había solo hombres. Viendo que yo miraba con más atención éstas últimas, tomó una de ellas y la abrió. Tipos con pijas enormes poblaban las páginas. Había fotos de hombres chupando a otros hombres, algunos colocados sobre el otro invertidamente, tragándose las pijas simultáneamente. En la siguiente foto, se podía ver como uno de los tipos hundía su lengua en el culo del otro, mientras éste parecía gritar con expresión de placer. En la siguiente podía verse como uno de ellos le metía la pija dentro del culo al otro, que estaba en cuatro patas sobre un sillón.

Era como lo había visto hacerlo a los perros en varias oportunidades. Parecía que era algo que daba mucho placer, aunque me costaba imaginar que algo como la pija de mi amigo entrara en mi culo. -Eso es imposible- dije, – debe ser alguna clase de truco. ¡Crees que no es posible! ¿Querés que te muestre que se puede? me dijo, sabiendo que no me negaría, sobre todo después de lo que habíamos hecho un rato antes. Bueno le dije, pero si siento que me duele, paramos. De acuerdo, dijo y me tomó por sorpresa al estamparme un beso en la boca. Sentí como su lengua se abría paso en mi boca, mientras yo lo dejaba, como buscaba la mía, como la movía dentro de mi boca, jugueteando con ella hasta que yo mismo comencé a seguir su juego.

Cuando se separó de mí, me pidió que me pusiera de pie, que me reclinara hacia adelante separando mis piernas, y se colocó detrás mío arrodillándose y separando mis nalgas con sus manos. Hundió su lengua en mi culo, provocándome un estremecimiento, y tomando con su mano mi pija, la llevó hacia atrás, apuntando mi cabeza a su boca, al tiempo que en una sola lamida abarcaba mi culo y mi miembro. Yo apoyé mi pecho y mi cabeza en la pared, liberando mis manos que se ocuparon de separar mis nalgas, lo que le permitió utilizar sus manos libremente. Como la primera vez, comenzó a hundir un dedo en mi culo, que ahora ofreció menos resistencia y se dejó penetrar. Cuando un segundo dedo comenzó a entrar pensé que no iba a soportarlo, pero entre la excitación y el movimiento circular que realizaba con el primer dedo, el dolor fue ínfimo comparado con el placer que experimentaba por primera vez.

Jugaba con sus dedos rotándolos a mediada que los introducirá y los retiraba de mi culo, al tiempo que los iba separando entre sí, casi imperceptiblemente. Jugó así por un rato, hurgando con sus dedos mientras su lengua recorría mis huevos, mi pija, y lubricaba mi culo. Lentamente sacó los dedos de mí. Sentí el vacío, y la desesperación que me provocaba su falta. Me volteé el chupé su pija, como lo había hecho antes, con una especie de desesperación por saber qué seguí luego de eso.

Me hizo colocar en cuatro patas sobre la alfombra, con mi pecho apoyado en la cama y los brazos separando mis nalgas. Con su pija aún húmeda con mi saliva, se colocó detrás de mí, y guio la cabeza de su pija hasta mi culo. Yo sentía que estaba algo desviado de su rumbo, y con una mano lo guie, como si fuera un experto. Recibí aquella cosa enorme con increíble facilidad. Me sorprendió sentir que entraba en mí lentamente, hasta chocar su pubis velludo en mi culo, algo que creía que era imposible. Sentí un dolor agudo cuando comenzó a moverse, y le pedí que no saliera tanto, porque si lo hacía me dolía. Sus movimientos eran cada vez más rápidos. Se detuvo varias veces y yo supe que era para evitar acabar. Sin alcanzar el orgasmo salió de mí, y me pidió que me acostara boca arriba sobre la cama, separando las piernas. Buscó un almohadón y lo deslizó debajo de mí a la altura de mí cintura, de modo de poner mi culo a una altura más accesible.

Se inclinó sobre mí, mientras guiaba su pija hacia mi culo, que le flanqueaba nuevamente el paso, totalmente dilatado y deseoso de recibirlo. Mientras me cogía me besó en la boca, su lengua jugaba con la mía apasionadamente. Se incorporó sin salirse de mí y comenzó a hacerme la paja al mismo ritmo que me penetraba, y yo sentí como mi pija, que hasta entonces estaba plácidamente relajada, para facilitar su cogida, comenzaba a crecer, y el la apretó con fuerza en el mismo momento en que cerrando sus ojos, lanzó un suspiró y eyaculó dentro de mí.

Se estremecía y vibraba mientras todo su semen llenaba mi culo virgen. Así, a mis once años, perdí mi virginidad, con un chico algo mayor que yo, y con quien repetimos esas experiencias hasta que a los 14 años debió mudarse. En ese lapso, con la libertad que da la ingenuidad que uno tiene a esa edad, lo hicimos de todas las formas imaginables, en un plano de igualdad, donde no importaba quien ocupaba cada rol. Con el tiempo, y con mucha delicadeza fuimos incorporando a otros a nuestros juegos. Primero su hermano, quien sospechaba que había algo entre los dos hasta que un día nos lo planteó directamente.

Cuando le confirmamos sus sospechas haciéndole prometer que mantendría silencio, pidió que le permitiéramos participar, y a quien inicié personalmente bajo la mirada de su hermano. Más tarde, se sumó un amigo que teníamos en común, quien para mi sorpresa tenía la pija más grande que he visto en mi vida, y que hacía las delicias de todos. Recordando aquellos días fui describiéndole a mi camarada de armas mis experiencias del pasado, solo interrumpiendo mi relato para sorber el whisky que me iba sirviendo sin dejar de prestar atención a mi relato. Le conté sobre mi relación con un compañero de secundaria, en segundo año, de las mamadas que nos dábamos en el baño del colegio, Iba desgranando historias, con la vista fija en un punto imaginario en la pared, olvidando su presencia, sintiendo nuevamente aquellas emociones vividas. Mi primera relación con una mujer, cierta fiesta en la que terminamos un amigo y yo con una prostituta, a la que yo cogía mientras mi amigo me cogía a mí. En cierto momento volví a la realidad, algo avergonzado por haber desnudado tantos secretos, borracho, y relajado.

Mi camarada estaba de pie, apoyado contra una pared, y al ver que yo volvía a poner los pies sobre la tierra, intentó cubrir con sus manos la erección que había producido mi relato. Pensé que estaba avergonzado, pero me sorprendió al decir – Se me paró la pija escuchándote, no pude evitarlo en realidad, ni intenté… Sin decir palabra me acerqué a él y estiré mi mano, acariciando su pija que asomaba parada debajo de su slip. Instintivamente dio un paso atrás pero estaba la pared. Su espalda chocó contra ella. Se dio cuenta de la situación. No tenía sentido luchar contra lo que ambos sentíamos como inevitable.

Bajé su slip y su pija se disparó como impulsada por un resorte. La tomé con mis manos y la llevé a mi boca. Cuando toda su extensión estuvo dentro de mi boca, pude sentir que sus piernas temblaban. Alcé la vista y vi que en su rostro solo había placer. Sus jadeos, no hacían más que impulsarme a seguir chupando. Se recostó sobre el suelo y yo me coloqué sobre él, mirándolo a sus ojos al tiempo que con mi mano guiaba su pija entre mis nalgas, jugueteaba con su cabeza frotándola lentamente alrededor de mi culo, para finalmente dejarme llenar por toda su extensión.

Comencé a moverme lentamente, sintiendo como su pija se abría paso dentro mío, sintiendo el vacío cuando me retiraba, sosteniendo ese momento por un instante, hasta que se hacía insoportable y volvía a dejarme penetrar hasta colmar mi culo. Con su mano intentó masturbarme, pero yo no lo dejé. Quería estar totalmente relajado para disfrutar lo que tenía dentro. Lo sentí venir y me separé justo a tiempo. El primer chorro de esperma me dio en la cara, el segundo dentro de mi boca, que alcanzó a abrirse a tiempo para evitar que se derramara por completo fuera de mí. Completamente exhausto se separó de mí. Pero yo estaba tan caliente que no iba a dejar que las cosas quedaran ahí. Le dije- ahora me toca a mí. Hizo un intento de excusarse, pero, lo interrumpí empujando mi pija hacia su boca.

Después de la atención que le había dispensado, no podía negarse, y lo cierto es que daba la impresión que su actitud era solo una aparente frialdad que escondía su deseo de que yo tomara la iniciativa. Cuando empezó a chuparme la pija, quedó en evidencia que su experiencia era bastante amplia. Al parecer, allá en el campo, entre su primo y su hermano, había practicado durante bastante tiempo. Yo estaba tendido en el suelo con las piernas abiertas, mientras él en cuatro patas me chupaba con delicadeza y suavidad.

De repente se abrió la puerta del depósito, que yo había creído trabada y nuestro superior apareció ante ella. Yo creí que me moría. Intenté ponerme de pie, pero estaba tan borracho que solo logré caer al suelo nuevamente. Mi compañero, sorprendido en plena faena, intentaba cubrir su desnudez, logrando entre los dos, que la situación, además de comprometida, resultara bastante ridícula. Avanzando hacia nosotros, el encargado del depósito franqueó la puerta cerrándola tras de sí. ¿Alguien puede explicarme qué significa esto? dijo. Solo logró sacarnos algunos balbuceos, pues era evidente lo que estábamos haciendo. Desde el suelo, donde estábamos, el metro ochenta cinco de altura del Cabo primero, parecía alcanzar el techo.

Era nuestro superior inmediato. Tenía apenas 23 años. Yo ya había cumplido los 20. Durante los meses en que habíamos estado a sus órdenes había demostrado ser un tipo bastante accesible, algo rígido en sus ideas, pero que en más de una oportunidad había salido en defensa de sus subordinados, incluso cubriendo algunas faltas graves. ¿Están al tanto que lo que estaban haciendo es considerado una falta grave, y que pueden ser castigados con prisión por ello? dijo, y no espero nuestra respuesta. Dijo: además han ingresado clandestinamente whisky al regimiento, y se han emborrachado! Y sin detenerse agregó- y encima casi han terminado la botella, y este whisky, es mi favorito!. Y sonrió.

¿Es la única botella, preguntó? y yo, poniéndome en pie, despabilado por el temor, busque en mi taquilla y saqué una segunda botella. Sírvame un vaso, me dijo, y mirando a mi compañero le dijo: y usted, continúe con lo que estaba haciendo. Mi compañero abrió los ojos creyendo no haber comprendido la orden, pero enseguida se dio cuenta que había escuchado bien cuando, el cabo primero comenzó a desabrocharse el pantalón. Tras servirle el whisky volví a tenderme en el suelo, y mi compañero, aún incrédulo, volvió a reclinarse sobre mí retomando la faena.

El cabo primero se puso detrás de él y bajándose los calzoncillos descubrió su pija, que era bastante gruesa aunque no demasiado larga. Mojó con su saliva la cabeza y arremetió contra mi compañero hundiéndole toda su pija de una sola embestida. Tomado por sorpresa, éste quiso gritar pero tenía toda mi pija en su boca y solo emitió un sonido ahogado y ronco. Marcando el ritmo con sus embates, nuestro superior le indicaba el ritmo en que mi compañero se tragaba mi pija hasta que mis huevos chocaban con su mentón. Durante un rato nos mantuvimos en esa posición.

Cuando el cabo primero se separó, saliendo de su culo, ambos supimos lo que debíamos hacer a continuación. Sentado en una silla, con sus piernas separadas, entre ambos le chupamos la pija, recorrimos con nuestras lenguas sus testículos, exploramos su culo, entrelazamos nuestras lenguas, mientras los masturbábamos con nuestras manos, al unísono, y compartimos la explosión de su esperma cuando alcanzó el orgasmo. Pero yo no había acabado aún y ya no podía aguantar mucho más. Dejé que mi compañero continuara lamiendo respetuosamente a su superior, y me coloqué tras él.

Comencé a cogerlo furiosamente, mientras veía a nuestro superior estremecerse de placer con la mamada que le estaban dando, excitándose nuevamente con la visión de mi pija hundiéndose en el culo de mi camarada. No demoré demasiado en acabar, Fue un orgasmo largo, casi interminable, sintiendo que toda mi leche inundaba las entrañas de mi amante. Me separé y me tendí exhausto sobre unas mantas. Cuando abrí los ojos, vi a mi superior incorporándose para dirigirse hacia mí.

Tomo mis piernas con sus brazos. Las separo y alzó, y colocándose entre ellas, con su pija nuevamente dura, buscó guiarla hasta mi culo y la hundió con facilidad, sabiendo que no era el primero que aquella noche hurgaba dentro de mí. Llamó a mi compañero y le ordenó ponerse a mi lado para que yo chupara su pija, y él pudiera ver como lo hacía. En sus ojos podía verse la excitación que la visión de mi pija tragándose la verga de mi compañero le provocaba.

Le dio la orden de colocarse sobre mí, con las piernas rodeando mi cuello y su pija hundida en mi boca, y sin dejar de cogerme hundió dos de sus dedos en el culo de mi camarada. Éste recibió sus dedos con placer, emitiendo un gemido de gozo, y tras unos instantes estalló en mi boca. Casi al mismo tiempo sentí como se llenaba mi culo con la esperma ds mi superior. Nos separamos, y yo pensé que allí concluía todo. Sentía que estaba al borde de mis fuerzas. Pero nuestro superior tenía otros planes. Comenzó a buscar en su armario hasta que extrajo de él un consolador enorme, que medía no menos de 23 cms de largo. Me hizo colocar frente a él y sentándose sobre aquella monstruosidad, a la que había lubricado con una crema previamente, comenzó a chuparme con delicadeza.

Con un gesto indicó a mi compañero que se ubicara a mis espaldas y comenzara a lamerme el culo. Yo me lo veía venir y no me tomó por sorpresa cuando se quitó el consolador de su culo, y le ordenó a mi compañero colocarse en cuatro patas para cogerlo con ese aparato. Luego me tocó el turno a mí. Pensaba que era imposible que esa cosa entrara en mi culo, pero dilatado tras tanta cogida, fue entrando en mí con facilidad, provocándome espasmos de placer, y haciéndome gemir. No podría contar las veces que me chuparon la pija esa noche, las veces que mi pija estuvo en la boca o el culo de alguno de los dos, o las veces en que mi culo se llenó de leche. Antes del toque de diana, el cabo primero se retiró a su cuarto, mi compañero se deslizó en su cucheta, y yo me quedé en el depósito ordenando el lugar para que nadie notara lo que había sucedido aquella noche. Desde aquel día hasta el día en que nos fuimos de baja, dos meses después, era frecuente que alrededor de la hora de la siesta, colgáramos un cartel en la puerta del depósito, que decía cerrado hasta las 16 Hs, y nos encerráramos a gozar entre nosotros, y a jugar a que nuestro superior nos ordenaba que con sumisión cumpliéramos todas sus directivas.

Autor: Anónimo | Fuente: RelatosEróticos

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